De acuerdo con las indagaciones, la historia de los bordados en la ciudad de Huaraz tendría sus orígenes en la congregación de los Betlemitas, allá por el año de 1725, aproximadamente.

Se conoce por versiones orales que esta congregación hacía confeccionar las casullas de los sacerdotes bletemitas y de ahí se extendería una rama de la artes en el bordado junto con el arte en el trabajo de la cera.

Durante la agonía de Juan Esteban de Castromonte, fundador de esta orden en Huaraz, se oficializó el uso de la cera de “buen morir”, una cera delgada y chueca que se hacía bendecir una sola vez al año y se usaba para las oraciones cuando una persona se encontraba en agonía como parte de la unción a los enfermos.

Desde esa época, cuentan los alcaldes pedáneos del barrio de Belén, que el uso de la cera se haría extensiva en el barrio y en toda la ciudad y, sobre todo en el campo debido a sus propiedades aplicadas para la detección del abigeato en las comunidades campesinas y rurales, así como para el rezo de la persogan en agonía.

De este hecho dan cuenta los propios sacristanes, procuradores y alcaldes pedáneos quienes eran los encargados de su uso y promoción entre la feligresía católica de Huaraz.

El estilo del bordado

Volviendo al arte de los bordados, don Melchor Montes refiere que el estilo del bordado huaracino es similar a la congregación de los carmelitas en Lima sobre todo en el uso de los hilos de oro y plata, así como en el bordado de las flores, tallos y ramas.

A diferencia de los bordados huancaínos y ayacuchanos, el estilo huaracino se caracteriza por el uso de los moldes de cartón, el bordado de las rosas, el uso de los hilos grueso y llano de parte de los bordadores. Hay similitud entre el estilo huaracino con el estilo cusqueño.

Aproximadamente, en el año de 1925 llegó a Huaraz el bordador Víctor Trejo, natural de la zona de Barranca y Huacho quien trajo consigo un nuevo estilo que luego se extendió entre los artesanos de la ciudad. Entre ellos la familia Palma en el barrio de Belén, Maximiliano Rosario Shuán en el barrio de la Soledad, Celso Sánchez en la estancia de Coyllur, así como la familia Chavín Palpa en el Pedregal y Elías Henostroza de quien se tiene poca información.

El año de 1930, don Aurelio Palma Díaz llega a ser fiscal mayor en la parroquia de Belén y dona un sudario y la capa con el símbolo para la imagen sagrada de Cristo Pobre en 1936 junto con su esposa, Toribia Sánchez Rosales de Uquia, pasa como alférez de la Semana Santa.

Estilo del Bordado Huaracino

Inicialmente, el estilo del bordado huaracino resaltaba porque no era tan relleno en su confección, es decir dejaba espacio y no copaba todo el manto o la capa dejando espacio para visualizar la pana o la tela de terciopelo como fondo. No es un relleno total como el que se usa en la actualidad.

Seguidamente, resalta las figuras, las ramas al dar la vuelta del vestido o manto destaca el arte en el tallado del dibujo (el macetero, las ramas, las hojas, los tallos, así como los frutos).

Respecto a la simetría, ambos lados doblan por igual con el uso de los flecos de gusanillo en extinción. A diferencia de los bordados antiguos y los de ahora se nota el amontonamiento de las figuras lo cual impide apreciar el bordado, así como el fondo de la pana o tercio pelo.

En cuanto al relleno, el bordado huaracino se caracteriza por el uso de piedritas, lentejuelas y las mostacillas originales en piedra preciosa

La diferencia entre un manto bordado por Maximiliano Rosario Shuán para la virgen de la Dolorosa en el año de 1957 y el manto del 2001 es que ahora se usa el hilo sintético. El otro detalle es que ya no son bordados sino pegados a diferencia del manto antiguo.

Igualmente, al ser envueltos y pegados baja la calidad del bordado. Antes un manto o sudario llevaba tres meses como mínimo para su elaboración y su precio superaba los 2 mil soles.

Hoy estos bordados se hacen en una semana y su precio oscila entre los 300 a 600 soles, aproximadamente pero sin la calidad en el bordado como se puede apreciar en los mantos y capas de tres décadas atrás, refiere nuestro informante.

En el bordado de Maximiliano Rosario Shuán destacan los calados, seguidamente, en los bordaos antiguos se nota la delicadeza en el arte mientras que en los actuales, éstos resultan mucho más toscos en su acabado.

Otro estilo en los bordados son los elaborados en la hacienda de Paramonga a cargo de los artesanos que emigraron luego del aluvión, así como del terremoto de 1970 y terminaron afincándose en la hacienda del azúcar junto a una nutrida delegación de ancashinos que preservaron sus usos y costumbres aunque con algunas variantes de la zona costa.

Los barranquinos estilizan el arte del bordado y tienen una fuerte influencia entre sus colegas de la zona sierra de Áncash. Ello se evidencia en la fusión de los estilos a partir de 1970, tras la tragedia en donde desaparecieron muchos de los artistas y las costumbres en la ciudad de Huaraz y los pueblos del Callejón de Huaylas. (Edgar Palma Huerta)